
Imaginemos una familia con un padre trabajador, buena persona felizmente casado con la que había sido la novia de toda su vida, una mujer cariñosa, comprensiva y como él, jóvenes y con proyectos de futuro, por otro lado, en el asiento de atrás, con toallas, pelotas y demás utensilios de veraneo, el más joven de la casa, Andresito como así llaman al pequeño de apenas 4 años que va a disfrutar de sus primeras vacaciones en la playa. El padre de familia es un experto conductor y es que lleva miles de kilómetros en su haber, sabedor de la responsabilidad que entraña llevar consigo a la mujer que ama y al niño de sus ojos, circula con total precaución respetando casi hasta el extremo todas las señales de circulación que se va encontrando por el camino. Todo esta bajo control, o casi todo, en el espejo retrovisor ve dos coches que se le acercan a gran velocidad (calcula que a unos 160 o 180 kms/h.), uno de los coches circula por el carril izquierdo otro por el derecho, su mismo carril, a medida que se van acercando estos coches, lejos de reducir su velocidad la incrementan, evidentemente están picados, inútilmente picados, pero esto es lo que menos le importa al padre de Andresito que ve como el coche que va en su mismo carril se le va a echar encima de un momento a otro, no sabe que hacer, sólo agarra con fuerza el volante esperando el golpe...

Y es que muchas veces no sabemos hasta que punto hay suicidas por las carreteras, gente que debe odiar su vida porque conducen como si no les importara, ni su propia vida ni la de los demás, el que más y el que menos se ha escudado alguna vez en el "a mi no me pasará" o en el "no, si yo controlo", pero la realidad es que año tras años, semana tras semana, hay una cantidad de muertos en la carretera totalmente evitables, totalmente evitables.
En fin, ya conocéis mi condición de personaje suicida, y esta no va a ser una excepción. Me he comprado un radar para comprobar la velocidad de los vehículos, me he subido a un puente que pasa por encima de esta autopista y tengo claro que ante el primer coche que venga sólo a más de 150 kms/h. me pienso lanzar encima de él, al fin y al cabo "yo controlo". ¡Adiós!